«El tiempo»

Clara Ester Rodriguez tiene 69 años y vive en Luján de Cuyo. Hoy evoca sus recuerdos de la infancia junto a los viñedos y las acequias. Recuerdos puestos en presente y una reflexión sobre el tiempo, ese tiempo detenido en la memoria y pero imparable en la vida. Te invitamos a leer sus reflexiones del hoy y sus entrañables vivencias del ayer. Una pintura de nuestra infancia con aires de cordillera. 

 

El registro federal continúa creciendo y hoy conoceremos la historia de una mendocina.

Clara Ester Rodriguez tiene 69 años y vive en Luján de Cuyo. Hoy evoca sus recuerdos de la infancia junto a los viñedos y las acequias. Recuerdos puestos en presente y una reflexión sobre el tiempo, ese tiempo detenido en la memoria y pero imparable en la vida. Te invitamos a leer sus reflexiones del hoy y sus entrañables vivencias del ayer. Una pintura de nuestra infancia con aires de cordillera. 

 

EL TIEMPO 


Soy Clara Ester Rodríguez, tengo 69 años, y hace 47 años que estoy casada con Adelmo Ponce. Tengo cuatro hijos: María Eugenia, María Elisa, María Laura y Gerardo David, todos casados y con niños. Somos una familia muy unida y pasamos momentos felices la mayor parte del tiempo. Desde marzo añoro la reunión familiar de los domingos en la que nos juntábamos a disfrutarnos, reírnos, y por supuesto, a comer cosas ricas. También tengo un grupo de amigas a quienes extraño siempre. Con ellas tenía juntadas semanales que hoy, por supuesto,  sigue vía whatsapp.

Si tengo que hablar del presente, nunca imaginé transitar una cuarentena de más de seis meses, y que parece que da para más tiempo. 

La historia que les quiero relatar fue creada un día cuando caminaba por la vereda donde  había jugado  de  chiquita, y vi muchas máquinas trabajar sobre la casa que era de mis abuelos, donde fui tan feliz. Luego de presenciar eso, llegué a casa y escribí esto que hoy les comparto. 

Seis casas, seis veredas, seis jardines, seis árboles, una calle de tierra regada con el agua color chocolate que corría por las acequias mendocinas. Eras seis niños, todos se divertían limpiando las veredas de los vecinos por unas pocas monedas que luego se gastaban en golosinas, en la única panadería del barrio.

Al frente, un gran canal y una gran viña para cortar uva o bajar algunos duraznos. Los varones se trepaban a los árboles y llamaban a las niñas para que les recibieran esos ricos frutos; no se lavaban, solo se limpiaban en nuestros vestidos sin temer por lo que iba a suceder. Todo era natural. El tiempo de la inocencia, de las risas, las gallinas, los pollitos, los  juegos y entretenimientos con olor a pureza, el baño en el canal y nuestros rostros felices por las travesuras.

Los inviernos duros, las primaveras con perfume a rosas, las tardes calurosas y secas, donde los mayores se sentaban debajo de los árboles a tomar mate junto a los vecinos. Compartíamos las navidades y fines de año.Cada familia armaba la mesa frente a sus casas, y así se festejaba con mucha alegría, la vestimenta era elegante, pero humilde. Sobre las mesas, platitos con nueces, almendras y pasas de uva, ese era nuestro manjar más esperado.

El tiempo… y el recuerdo del rico clericó guardado en barrica de barro cubierto con arpillera para mantener la fruta fresca. El tiempo…de los regalos, Papá Noel, Reyes Magos.

El tiempo… ¡Qué hermosa palabra! El tiempo se envolvía en el cuerpo, en el alma, en el espíritu y en la memoria.

El tiempo… de las escondidas como uno de los juegos preferidos, de la mancha, la pelota, las bolitas en los varones, las figuritas, las muñecas de trapo, vestidas con modelos exclusivos que las mamás cosían con tanto esmero y amor.

El tiempo…de la rica pastafrola preparada por mi abuela, el perfume de la sopa amarilla de tanto zapallo y, el olor a tostadas en las mañanas…

El tiempo en el que los abuelos hacían su día de visita.

Las frías noches de invierno donde mis abuelos nos abrigaban para que no pasáramos frío cuando salíamos de su casa.

El tiempo transcurrió… La calle se abrió, la viña se vendió, los niños dejaron de serlo, el canal  se tapó,  y sobre él se construyeron negocios.

La casa de mis abuelos desapareció, una máquina borró todos mis recuerdos, y desaparecieron -en un rato- los recuerdos de seis casas, seis árboles, seis niños, seis risas, seis alegrías, seis lágrimas y seis gritos.

Tiempo… ¿Qué podemos hacer con vos, para no dañar más tu tiempo?

Clara E. Rodríguez (69 años)

Luján de Cuyo, Mendoza

 

 

Si querés saber cómo participar, te invitamos a leer más acá. ¡Esperamos tu texto!