«Una propuesta de integración pensada por la universidad»

Se trata del Centro del Adulto Mayor de la Universidad Nacional de Lanús (CAM) Desarrolla diversas actividades entre las cuales impulsa especialmente un Programa de Voluntariado Social en el cual pueden participar Adultos Mayores. A través de esta crónica, podrán conocer su dinámica y también a sus impulsores e integrantes.

Por Emilce Cassinelli, Hugo Schamber y Patricia Mazzoleni*

 

Llegamos a un salón ubicado en el predio de la Universidad de Lanús, en la zona sur del conurbano bonaerense. Desde el parque que lo rodea ya se escucha la música. En la puerta dos “criollas” nos reciben amablemente, nos entregan la entrada y nos desean que disfrutemos del espectáculo. Allí, unas cien personas sentadas en ronda comparten pastelitos, masitas y bizcochuelos caseros en un clima de camaradería. De pronto las sillas se ubican en rueda y aparece una pista de baile. Al son de una chacarera comienzan las parejas a bailar con una energía y creatividad admirables; pañuelos al aire, zapateo, zarandeos, y sobre todo, ¡la alegría del disfrute! Luego seguirán recitadores, canto y guitarra. (Ver más: “Aquí bailamos todos”).

Esta es una de las tantas actividades que desarrollan los adultos mayores de 60 años que concurren al Centro del Adulto Mayor de la Universidad de Lanús. Su creadora y actual directora es Silvia Molina, médica psiquiatra que ha enfocado su mirada en la Tercera Edad.

“El espacio fue creado para promover un envejecimiento con derechos. Además, a través del estudio y la reflexión, se buscan respuestas para la inclusión social de los mayores”, nos explica. El trabajo del Centro se desarrolla teniendo en cuenta los lineamientos de la OMS que postulan el concepto de envejecimiento activo”.

El Centro del Adulto Mayor lleva a cabo tres programas: Capacitación (cursos y talleres diversos dentro de los cuales se incluye el programa Upami, Aulas Abiertas y otros propios del Centro), Club de Día (convenio PAMI, UNLA CAM) y Voluntariado Social, que si bien está integrado mayoritariamente por adultos mayores (¡algunos muy mayores!) no excluye la participación de jóvenes, ya que la perspectiva intergeneracional es un eje fundamental a considerar.

Ellos sienten que con sus saberes, su experiencia y sus habilidades pueden aún ofrecer mucho a la sociedad, especialmente a aquellos que más lo necesitan. En la práctica, se convierte en un intercambio recíproco entre la persona que ofrece y la que recibe.

“El voluntariado me mantiene la mente ocupada y además me permite relacionarme con otras personas. ¡Si no viniera aquí estaría en mi casa durmiendo la siesta!”, nos dice Cristina, una de las voluntarias que participa del programa y que fue entrevistada para esta crónica al igual que Francisco, Eduardo y Natividad. (Ver más: “El voluntariado nos mantiene activos”)

Los participantes del programa interactúan con la comunidad y realizan talleres abiertos de promoción de la salud, derechos de los adultos mayores y otros temas que surgen en la charla con los propios vecinos. También se acercan a los colegios, hogares, y escuelas de educación especial ofreciendo su colaboración (reciclado y arreglo de materiales) a través del programa “Construyendo Autonomía”.

 

Una vez por año organizan un “Encuentro Intergeneracional” en el cual se reúnen con jóvenes en mesas redondas donde exponen sus ideas (que no pocas veces asombran a los jóvenes) A su vez, elaboran un boletín mensual que se distribuye en el distrito, llamado “La voz de los Mayores” en el cual vuelcan sus experiencias.

Todas estas actividades son coordinadas por Gladys Martínez. “Los adultos mayores tienen mucho entusiasmo y deseos de ayudar a la comunidad. Nuestra concepción es empoderarlos, estimulando la creatividad, el trabajo grupal, y poniendo el énfasis en el trabajo comunitario. Con su actitud nos dan todos los días una lección de vida”, resalta. (Ver más: “El trabajo comunitario es una herramienta poderosa para los adultos mayores”).

La experiencia de UNLA es una iniciativa a seguir en la región. En el marco de la peña, conocimos a un grupo de personas de la localidad bonaerense de Campana que vinieron acompañados por María de los Ángeles Fernández, directora de Atención Comunitaria de Adultos Mayores del municipio. Vinimos a ver cómo funciona el programa y evaluar si es posible implementarlo en nuestra comunidad, nos explica la funcionaria (Ver más: Un municipio inquieto).

El ejemplo que nos dan los adultos mayores del Voluntariado de esta universidad, nos invita a reflexionar sobre los prejuicios y preconceptos que solemos tener sobre esta etapa de la vida. En su gran mayoría, los adultos mayores mantienen intactas sus capacidades afectivas y cognitivas, la curiosidad, la capacidad de asombro y la fortaleza que dan los embates de la vida La contención afectiva del entorno, la estimulación de la autoestima, de la creatividad, del sentido del humor (que incluye la capacidad de reírse de sí mismo), la empatía, el pensamiento crítico y la autonomía son además pilares de la Resiliencia, entendida como “la capacidad de las personas de superar las adversidades y construir sobre ellas con proyección a futuro”.

Creemos que este voluntariado contribuye en gran medida a que el adulto mayor pueda elaborar gradualmente las marcas del paso del tiempo. Y como decía Borges refiriéndose a su vejez: “Voy llegando a mi centro, a mi álgebra, a mi clave. Pronto sabré quién soy”.

Emilce Cassinelli, Hugo Schamber y Patricia Mazzoleni

*Emilce, Hugo y Patricia son voluntarios de la Fundación Navarro Viola y forma parte de #VocesMayores, una sección donde los voluntarios mayores escriben historias de voluntariados nacionales e internacionales, en los cuales las personas mayores son las protagonistas y sus formas de acción son ejemplos a imitar.