Las visitas domiciliarias: el corazón del programa PIP
Uno de los pilares de PIP – Primera Infancia Primero son las visitas domiciliarias que realizan las facilitadoras comunitarias a cada familia durante las 20 semanas que dura el programa. Las facilitadoras forman parte de los equipos técnicos de los municipios o gobiernos locales que implementan PIP y constituyen el principal nexo entre el programa y las familias. Estos encuentros permiten conocer a la familia en su propio entorno y establecer con ella una relación de confianza y respeto, identificando sus necesidades y también sus fortalezas para acompañarlas de manera personalizada.
Cada visita dura una hora y se organiza en cuatro momentos. Comienza con la acogida y una escucha atenta a la familia, junto con una evaluación conjunta de las actividades realizadas durante la semana. Le sigue el momento central: la lectura compartida y la modelización de una actividad lúdica, en la que la facilitadora demuestra en la práctica cómo interactuar con los niños y niñas de manera que favorezca su desarrollo, fomentando al mismo tiempo la creatividad y el vínculo dentro de la familia. Luego llega un momento de evaluación y cierre, donde se identifican progresos y dificultades y se refuerzan los aspectos trabajados. Por último, la facilitadora dedica un breve espacio al registro de lo sucedido y a la comunicación con la coordinadora del equipo técnico municipal o del gobierno local, cuidando siempre la confidencialidad de la información de cada familia.
Dos estrategias atraviesan todo este encuentro: la modelización, que consiste en mostrarles a los adultos, con el ejemplo, formas efectivas de interactuar con sus hijos; y la interacción lúdica, que utiliza el juego como herramienta para fortalecer la conexión emocional entre cuidadores y niños y para desarrollar habilidades sociales, emocionales y cognitivas. Ambas estrategias ponen en valor las potencialidades de cada familia y su creatividad, construyendo saberes y prácticas de cuidado que favorecen el desarrollo integral en la primera infancia.
Para el programa, cada visita es un momento valioso y crucial para establecer una conexión significativa con la familia, que solo tiene impacto real cuando se la prepara con contenido y propósito claros. Por eso las facilitadoras llegan a cada encuentro habiendo revisado la guía y las propuestas de la semana, con los materiales necesarios y en permanente articulación con las coordinadoras de los equipos técnicos municipales o de los gobiernos locales, lo que les permite conocer la realidad de cada familia y adaptar las actividades a su contexto, sus tiempos y su cultura.
Gracias a este acompañamiento sostenido, las familias reciben apoyo y orientación en su propio hogar, desarrollan habilidades para mejorar la interacción con sus hijos, fortalecen los lazos afectivos y mejoran su calidad de vida familiar. De esta manera, PIP no solo acerca contenidos, sino que construye un vínculo cercano y sostenido que fortalece las capacidades parentales y favorece entornos familiares más estimulantes y protectores, transformando cada hogar en un espacio de aprendizaje, cuidado y oportunidades para el desarrollo integral de la primera infancia.




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