Un objeto de apego construido en familia

Como parte del recorrido de PIP – Primera Infancia Primero, durante las visitas domiciliarias las familias reciben los materiales necesarios para confeccionar, con sus propias manos, un oso de trapo que se convierte en el objeto de apego de cada niño o niña. Con un simple retazo de tela, hilo, aguja y tijera, la familia corta, cose y rellena el osito hasta darle forma en un momento compartido y acompañado por la facilitadora comunitaria. El cierre de la actividad tiene un significado especial: son los propios niños y niñas, junto a su familia, quienes eligen el nombre que llevará su nuevo compañero.

Durante junio de 2026, las familias participantes de PIP en el Municipio de Las Heras, provincia de Mendoza, recibieron los materiales para confeccionar su osito de apego, dando inicio a una de las experiencias más significativas del programa. Acompañadas por las facilitadoras del equipo municipal, comenzaron a construir este objeto de apego que acompañará a los niños y niñas a lo largo de las distintas actividades de PIP.

Más que una actividad manual, esta propuesta busca fortalecer los vínculos familiares a través del juego y del tiempo compartido. El oso acompaña a la familia durante distintas actividades del programa, convirtiéndose en un recurso para estimular la imaginación, el lenguaje, el juego simbólico y el desarrollo socioemocional.

Su función evoluciona junto con el crecimiento de cada niño o niña. En los primeros meses de vida, el osito se transforma en un compañero de consuelo y seguridad durante momentos de inquietud, descanso o llanto. Al conservar el olor del bebé y de las personas que lo cuidan, fortalece la sensación de cercanía y protección, por lo que se recomienda no lavarlo. Más adelante, acompaña el desarrollo del juego simbólico: los niños y niñas lo bañan, lo alimentan, lo hacen dormir, lo esconden y lo buscan, recreando situaciones de la vida cotidiana que estimulan la creatividad, la comunicación y la comprensión del mundo que los rodea.

El objeto de apego brinda seguridad, consuelo y confianza frente a nuevas experiencias o situaciones de cambio. Además, al haber sido elaborado por la propia familia, adquiere un valor emocional único: representa el tiempo compartido, el cuidado y el afecto que acompañan el crecimiento durante los primeros años de vida.

Con esta propuesta, PIP promueve una de sus principales convicciones: el desarrollo infantil no depende de contar con juguetes costosos, sino de generar experiencias significativas de juego, afecto y aprendizaje compartidas en familia. Cada puntada del osito representa mucho más que la creación de un juguete: simboliza el compromiso de las familias con el cuidado, el vínculo y el desarrollo de sus hijos e hijas desde los primeros años de vida.

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