¿Educar las emociones o acompañar el desarrollo emocional?

Hoy comenzamos con el Ciclo de encuentros para educadores de la primera infancia que elegimos llamar “Construyendo puentes: repensando el cuidado y la educación infantil hoy”.

 

Es un nuevo espacio de reflexión y formación que creamos en red junto a organizaciones especialistas en estas temáticas. En este caso, entre OMEP Argentina y la Fundación Navarro Viola para invitarlos a reflexionar y seguir formándonos en la educación para la primera y la primerísima infancia.

El especialista convocado hoy es Juan Augusto Laplacette, psicólogo, docente y miembro de la Sociedad Argentina de la Primera Infancia.

 


 

Su exposición se titula ¿Educar las emociones o acompañar el desarrollo emocional? y nos invita a pensar en cómo acompañamos los desarrollos subjetivos y los afectos y sentimientos de niños y niñas, sobre todo en este contexto tan particular.

Cuando hablamos de educación emocional, el especialista insiste en diferenciar emociones, afectos y sentimientos, ya que existe una gran confusión al respecto y, muchas veces, se los utiliza como sinónimos perdiendo, de ese modo, significativas sutilezas de procesos complejos. Las emociones, en general, se leen como respuestas internas de los niños y de las niñas desde su propia individualidad, mientras que los afectos (ya sean positivos, negativos o neutros) suelen considerarse en relación a otros, en un marco vincular.  

 

Estas expresiones y registros afectivos son bien tempranos en los bebés desde sus primeros días de vida y se complejizan en la interacción con el adulto. En cambio, los sentimientos requieren de una percepción consciente de esas emociones y afectos para, por ejemplo, expresarlos desde el lenguaje verbal. Es decir que, los sentimientos implicarían la articulación entre afecto y pensamiento. 

 

Por eso, Juan Augusto nos propone reflexionar sobre el paradigma de la educación emocional que suele sólo referirse a las emociones (justamente el concepto más ligado a la individualidad, a lo interno) y no a los sentimientos con sus intenciones y reflexiones sensibles en el vínculo con los otros, en contexto.

 

Y nos explica que las investigaciones indican que en los primeros tiempos necesitamos generar un apego más sólido, complejo y seguro para facilitar el dominio socio-emocional de los niños y niñas; para que logren percibir y comprenderse a sí mismos tanto como a los demás en términos de estados mentales, es decir: sentimientos, pensamientos, creencias, deseos.

 

 

Por eso, más que educar las emociones, la propuesta es acompañar el desarrollo subjetivo (que incluye dimensiones heterogéneas: emocional/afectiva, reflexiva, entre otras) de los chicos para que puedan expresar y comprender mejor lo que sienten, para otorgarle a cada experiencia un sentido subjetivo-singular y complejo sobre aquello que están viviendo, sostiene.

 

Entonces, recalca que es preocupante que se trate a las emociones de forma descontextualizada, porque eso no da lugar a la escucha y mirada sensible de las experiencias singulares de niños y niñas, de su desarrollo subjetivo, aceptando las diferencias (que siempre son relacionales) y reconociendo la existencia de sentimientos encontrados, mezclas emocionales, ambivalencias que constituyen la salud mental.

 

Si queremos salir de estos reduccionismos, nos invita a tener en cuenta la cuestión vincular en la regulación de los afectos, como proceso, y dar lugar a la singularidad de los más chicos.

 

Además, sostiene, es importante superar la antigua idea polarizada de «cuidar o educar», integrando lo que en lo cotidiano se presenta como integrado, promoviendo acompañamientos reflexivos y afectivos  del desarrollo de la autoregulación emocional, en un marco vincular.

 

En conclusión, dice, “Lo emocional” debe inscribirse en un proceso más amplio, complejo e integral que es el desarrollo subjetivo y, sobre todo, en un marco vincular que, por eso mismo, requiere del acompañamiento reflexivo y amoroso de los adultos. Si es llevado a lo individual y sacado de lo contextual, aumenta la potencia de la desubjetivación y el reduccionismo.

 

“El desafío impostergable es construir, sostener y avanzar con una posición ética que implique acompañamientos sensibles y reflexivos del desarrollo integral de las infancias” nos explica.

 

Y para lograrlo, nos acerca algunas recomendaciones sobre cómo podemos empezar a aplicar esto en el día a día de las salas y en contacto con los chicos:


 

Te invitamos a ver la charla completa

 

El próximo jueves 25 nos volvemos a encontrar para continuar el ciclo

 

Conocé más sobre este ciclo de encuentros virtuales para educadores

 

Conocé el programa completo del ciclo

 

Y si querés ver los ciclos 2020 sobre educación y cuidado en la primera infancia, podés verlos en nuestra web

 

 

 

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